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| Maddays Photographies |
Sonó el timbre y desapareció el silencio. Los pasillos se llenaron de niños que no paraban de chillar y correr. Nana siguió caminando. Parecía mentira, la de veces que había pasado por esos pasillos y nunca se había sentido así, nunca había deseado tanto ser invisible, que nadie pudiese verla. Nana se sentía perdida, era como si no estuviese allí de verdad y no sabía hacia donde ir.
Entre la multitud siguió andando mientras se fijaba en las caras de todas esas personas que pasaban por delante suyo. Todos le miraban diferente a como lo habían hecho siempre, todos le echaban miradas de despreció y repulsión, como si fuese un bicho raro. Nana a medida que iba avanzando por el pasillo se sentía peor. En su estomago empezaba a brotar ese dolor intenso de siempre y a cada paso que daba su respiración se iba acelerando. Le picaban los ojos de aguantarse las lagrimas. Pero decidió ser fuerte y no mostrarlas en publico, así que no derramó ninguna lagrima. De repente, notó unos golpecitos en la espalda. Al girarse pudo verle. Sin duda era él, era imposible no acordarse de esa fantástica sonrisa y esos preciosos ojos verdes. Él, era el único que no le miraba con despreció. Él, era el único que le sonreía y se alegraba de verla.
-Heyy- le dijo sin ganas.
- Joder hermanita, ¿si que estamos bordes no?- Así es como la llamaba desde segundo de primaria. Siempre habían sido amigos, hasta puede que mejores amigos. Él siempre la había considerado su hermana.
- Puede ser porque todo el mundo me mira mal...- dijo Nana con toda la rabia del mundo.
- ¿Todo el mundo?¿Y que hay de mi?¿Acaso te miro yo así? ¿Verdad que no? Es más, nadie de aquí te conoce como yo te conozco enana. Nadie sabe lo perfecta que eres y lo maravilloso que es estar a tu lado. Nadie sabe como sacarte esa preciosa y fantástica sonrisa. Excepto yo. Eso es lo que te tendría que importar, que yo estoy a tu lado y que pase lo que pase no te voy a dejar. Así que ahora, vas a pasar por este pasillo con la cabeza bien alta y no te va a importar nada. Ni que te miren con desprecio, ni nada. Vas a ser fuerte, y yo voy a estar a tu lado.
Eros le cogió de la mano y le dedicó una sonrisa. Una de esas sonrisas que dicen "Tranquila, estoy junto a ti y no permitiré que te pase nada". Nana respiró hondo y empezó a caminar por aquel largo pasillo por el que había venido antes. Pero esa vez no se sintió como en la anterior. Se sentía fuerte, valiente y sabía que podía comerse el mundo si ella quería. Solo porque él le estaba cogiendo de la mano, porque al lado de su "hermanito" se sentía fuerte.
#maddays.

Siempre necesitamos el apoyo de un hermano ya sea de sangre o de corazón, ese es el mejor apoyo que podemos tener. Me encanta como escribis! te sigo, beso
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